Perros ancianos

 

Justi ha amanecido hoy con un bulto en el labio inferior. Es como una castaña, duro, pegado al hueso de la mandíbula, le molesta que se lo toque y no veo ninguna herida ni nada clavado. Espero que sea una glándula salivar impactada y empiezo a darle antibióticos. Seguramente no sea nada, pero Justi tiene 12 años y cualquier cosa te sobresalta. Hace tiempo que nos regala cada mes que sigue con nosotras, como dándonos tiempo a mentalizarnos.

Tiene artrosis en los codos y las caderas, cada vez se mueve menos y contra menos se mueve, más se anquilosa y más difícil es mantenerle el peso, por poca comida que le des. Le recorto las uñas y el pelo que le crece entre las almohadillas, hemos cambiado el producto de limpieza del suelo a otro que no tiene cera, pero aun así resbala. Le compré unas botas blanditas, pero no le gustan. Los 6 escalones para salir al jardín, aun los baja. Cuando quiere subir, ladra. Aun puede subir sola, pero parece que se siente más tranquila si sales y la ves subir, por si se cae. No llama porque nos ha enseñado a darle un premio para invitarla a subir, solo quiere que estés ahí. Yo la cargo muchas veces, pero me pregunto qué pasa el día que no estoy en casa.

Los veterinarios no tenemos remedio para la edad. Primero tomó condroprotectores, luego AINES (antinflamatorios no esteroideos) y hace más de un año que ya está con cortisona. Lleva implantes de oro para ralentizar la formación de artrosis, pero es imparable. Hace poco estuvo en Barcelona Julia Robertson, experta en mioterapia canina y tuvo la amabilidad de tratar a Justi y enseñarme a aliviar con masajes sus contracturas. Hay un montón de movimientos compensatorios que la Gordi tiene que hacer para moverse, así que no solo duelen las articulaciones, duelen también los músculos.

Pero también me pregunto qué pasa con su alma: Ya no puede subir la escalera para dormir con nosotras en la habitación, ya no viene a los paseos en la montaña, los baños en el rio ni viene a trabajar cada día conmigo. Intento buscar actividades adecuadas para ella: Salimos solas al parquecito enfrente de casa y le hago una siembra de premios en la hierba o nos sentamos a ver pasar la gente. Si la veo más animada, subimos unas cuantas veces por una rampita que le compré, bajita. Se acuesta en su cama de memory foam a roer huesos de verdad y la pone hecha un asco. La subo al sofá a hacer la siesta conmigo, pero enseguida le da calor y no puede bajar sola. Le limpio sus orejas pastosas de labradora, que si alguna vez os han dolido los oídos, sabéis lo molesto que es.

Hago todo lo que puedo pero hace tiempo que me pregunto cuando tendré que tomar la decisión más difícil, darle la prueba de amor más grande. Porque por lo demás, está hecha un trinquete: analíticas anuales de geriátrica perfectas, 3 tumorcitos mamarios que hace tiempo que tiene no le crecen y su hambre insaciable de labradora está intacta. Es decir, orgánicamente puede durar años, pero viviendo con dolor, en segundo plano de la pandilla perruna, sin venir conmigo a todas partes como antes, relegada en casa. Me dije a mi misma cuando no pueda salir sola al jardín, pero ya me veis, subiéndola al brazo. Luego me dije cuando no pueda levantarse a saludarme cuando llego y a veces no sale porque no me ha oído y voy yo corriendo a su cama, apartando a los otros perros para que no la pisen luego me dije cuando se haga en casa, eso ya es una indignidad que no quiero que tenga que soportar y varias veces me encuentro con un accidente por la mañana y me engaño con cenó pronto, eran muchas horas

 

Los queremos muchísimo y por eso llega un momento en que tenemos que reconocer que es el miedo a nuestro dolor lo que nos hace mantenerlos aquí, cuando lo humano es dejarles ir. Pero qué difícil es tener el pentotal en un cajón y seguir aquí, contándoos esto para contárselo a alguien, porque ella solo me mira con sus ojos redondos y mueve la puntita de la cola, toc, toc, toc…¡Mi gorda querida!

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